CAOS de Auraleón: el cómic perdido de un maestro maldito del terror y la ciencia ficción española.
CAOS de Auraleón: el regreso de un maestro olvidado del cómic español
Rafael Aura León, más conocido por su firma artística, Auraleón, fue uno de esos dibujantes españoles que en los años setenta y ochenta trabajaron como auténticos obreros de la historieta. Autores capaces de producir páginas para medio mundo, de levantar atmósferas imposibles en blanco y negro, de llenar revistas míticas con criaturas, sombras, cementerios, cuerpos deformes y astronautas perdidos en una nave a la deriva.
Y, sin embargo, durante décadas, su nombre quedó en una especie de limbo. No exactamente olvidado por quienes sabían de cómic, pero sí injustamente apartado de la memoria popular. Como si su obra hubiera quedado atrapada en esas revistas antiguas que uno encuentra en cajas, mercadillos o estanterías de coleccionista, esperando que alguien vuelva a abrirlas.
En Isla de Nabumbu siempre nos han interesado precisamente esos autores. Los que no están donde deberían. Los que merecen una segunda vida.
Y por eso en 2018 publicamos CAOS y otras historias fantásticas, un libro dedicado a una de las facetas más singulares de Auraleón.
¿Quién fue Auraleón?

Auraleón desarrolló buena parte de su carrera a través de Selecciones Ilustradas, la famosa agencia dirigida por Josep Toutain que conectó a numerosos dibujantes españoles con publicaciones extranjeras. Como tantos artistas de su generación, empezó trabajando para el mercado británico y terminó alcanzando una gran proyección internacional en Estados Unidos.
Su nombre está ligado sobre todo a Warren Publishing, la editorial estadounidense responsable de revistas tan míticas como Creepy, Eerie y Vampirella. Allí, Auraleón encontró un territorio natural para su dibujo: el horror, la fantasía macabra, las criaturas imposibles y ese blanco y negro lleno de texturas que parecía hecho para mostrar mundos podridos, almas rotas y monstruos que no siempre venían de fuera. Fue, además, uno de los autores españoles más productivos dentro de Warren, junto a nombres tan respetados como José Ortiz o Luis Bermejo.
Pero Auraleón no fue solo un dibujante eficaz. Fue un creador con una personalidad gráfica muy marcada. Su estilo podía ser elegante y grotesco al mismo tiempo. Tenía algo de pesadilla barroca, de ilustración contaminada por la angustia, de ciencia ficción enferma. En sus mejores páginas, el lector no solo mira una viñeta: se mete en una atmósfera.
El caso extraño de un gran autor sin álbumes
Lo curioso, y también lo injusto, es que pese a su importancia, Auraleón no tuvo durante mucho tiempo el reconocimiento editorial que sí recibieron otros compañeros de generación. Su obra quedó desperdigada en revistas, sin grandes recopilatorios que la ordenaran, la cuidaran y la pusieran de nuevo ante los lectores.
Ese fue uno de los motivos que dio sentido a CAOS.
Cuando Isla de Nabumbu publicó el libro en 2018, fue el primer álbum recopilatorio de Auraleón y una reivindicación de “uno de los mejores artistas españoles de los 70 y 80”. También destacaba un dato fundamental: se trataba de la única obra en la que Auraleón no solo dibujó, sino que también se encargó de los guiones.
Ese detalle cambia por completo la lectura del libro.
Porque en CAOS no estamos simplemente ante “historias dibujadas por Auraleón”. Estamos ante Auraleón hablando con su propia voz. Con sus rarezas, sus obsesiones, sus silencios, sus finales extraños, su humor absurdo y su visión pesimista del ser humano.
¿Qué es CAOS?
CAOS y otras historias fantásticas reúne quince historietas breves que Auraleón publicó originalmente en la revista 1984, de Toutain Editor, entre marzo de 1982 y diciembre de 1983. Son piezas cortas, de entre dos y seis páginas, concebidas como relatos independientes, pero atravesadas por una misma temperatura: ciencia ficción distópica, humor extraño, personajes desorientados y finales secos, crueles o directamente incómodos.
No hay aquí una serie convencional ni un universo cerrado. CAOS funciona más bien como una colección de artefactos narrativos: pequeñas pesadillas futuristas donde la humanidad aparece atrapada entre máquinas, sociedades absurdas, mutaciones, burocracias delirantes y destinos que parecen escritos por alguien con muy poca fe en nuestra especie.
La edición en libro recuperó esas historietas en blanco y negro, restauradas digitalmente, en un volumen de gran formato de 96 páginas, con encuadernación en cartoné y una portada inédita. Pero lo verdaderamente importante no está en el envoltorio, sino en lo que revela: un Auraleón autor completo, escribiendo y dibujando sus propias obsesiones, lejos del encargo y mucho más cerca de su mundo interior.
Ahí es donde CAOS se vuelve especial. No es solo una recopilación de material disperso, sino una puerta de entrada al Auraleón más personal: menos domesticado y más libre. Un autor que usa la ciencia ficción no para imaginar futuros luminosos, sino para enseñar lo que queda del ser humano cuando se le quitan las excusas.
CAOS es un libro raro. Y eso, en este caso, es una virtud.
Raro porque no se limita al terror clásico por el que Auraleón era conocido. Raro porque se mueve hacia una ciencia ficción más simbólica, más áspera, más de final cruel. Raro porque sus personajes parecen casi siempre atrapados en sistemas que no entienden: sociedades absurdas, mundos cerrados, máquinas, dogmas, mutaciones, destinos escritos por alguien con muy mala leche.
Hay en estas historias algo del espíritu de las viejas revistas de cómic adulto: libertad formal, experimentación, mala baba, ideas disparadas a quemarropa y una confianza absoluta en que el lector no necesita que le expliquen todo con un cartel luminoso.
El Auraleón más personal
La gran importancia de CAOS está en que permite ver a Auraleón fuera del papel habitual de dibujante al servicio de guiones ajenos.
En Warren, Auraleón trabajó con textos de guionistas como Doug Moench, Gerry Boudreau, Bruce Jones o Steve Skeates, entre otros. Su talento estaba en convertir esas historias en imágenes memorables, en darles cuerpo, atmósfera y sombra. Pero en CAOS el mecanismo cambia: aquí el mundo nace entero de él.
Auraleón, en estas historias, mezcla magistralmente ciencia ficción distópica, pesimismo, notas de humor absurdo y experimentación gráfica.
Eso es muy interesante, porque convierte el libro en algo más que una recuperación nostálgica. CAOS permite estudiar a Auraleón como autor completo, con todas sus virtudes y también con sus excesos. Sus páginas pueden ser barrocas, extrañas, a veces incómodas. Pero nunca son indiferentes. Y en un tiempo en el que demasiados cómics parecen diseñados para no molestar a nadie, eso ya es una pequeña victoria.
Un libro agotado, una deuda pendiente
La primera edición de CAOS está actualmente agotada. Y eso nos deja ante una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿tiene sentido recuperar de nuevo este libro?
La respuesta fácil sería decir que sí. Que Auraleón lo merece, que su obra merece seguir circulando y que un libro así no debería quedar condenado al mercado de segunda mano. Todo eso es verdad.
Pero también cabe otra posibilidad: que quienes estaban realmente interesados en CAOS ya consiguieran su ejemplar en su momento. Que la primera edición cumpliera su recorrido natural. Que no exista una demanda suficiente para justificar una nueva tirada.
O quizá no.
Quizá todavía queda gente que se quedó sin su copia. Lectores que llegaron tarde, coleccionistas que descubrieron a Auraleón después, aficionados al cómic de terror y ciencia ficción que hoy miran con más interés hacia aquellas revistas adultas de los años setenta y ochenta. Porque el contexto ya no es exactamente el de 2018. En los últimos años ha crecido la atención hacia los autores españoles vinculados al cómic adulto, a Warren, a Toutain, a 1984, a Creepy, a Eerie y a toda esa generación de dibujantes que trabajó para medio mundo mientras aquí, demasiadas veces, quedaba relegada a una nota al pie.
También hay nuevos lectores descubriendo que la historia del cómic español no se reduce a los nombres de siempre. Que hubo autores extraordinarios publicando en revistas míticas, cruzando géneros, dibujando monstruos, futuros podridos y pesadillas en blanco y negro mucho antes de que nadie pensara en llamarlo “novela gráfica”.
Tal vez CAOS pueda volver a encontrar a esos lectores.
Por eso, una posible reedición tendría sentido mediante un sistema de micromecenazgo editorial desde nuestra propia plataforma. No como una preventa fría, ni como una simple reposición de catálogo, sino como una forma directa y transparente de comprobar si existe interés real. Si lo hay, el libro vuelve. Si no lo hay, al menos la pregunta queda respondida.
Porque reeditar CAOS no debería consistir solo en imprimir de nuevo un libro agotado. Debería ser una pequeña campaña de rescate. Una manera de medir cuántos lectores siguen ahí, al otro lado, dispuestos a devolver a Auraleón al lugar donde nunca debió faltar: entre las manos de quienes todavía creen que algunos cómics no envejecen, solo esperan.
Por qué CAOS merece volver
Porque Auraleón fue uno de los grandes dibujantes españoles del horror, la fantasía y la ciencia ficción. Porque su trabajo para Warren sigue siendo admirado por coleccionistas y lectores especializados. Y porque CAOS muestra una faceta especialmente valiosa de su carrera: la del autor que no se limita a ilustrar guiones ajenos, sino que escribe y dibuja sus propias obsesiones.
La edición original permitió reunir por primera vez unas páginas que habían quedado dispersas en revistas antiguas, condenadas a circular entre coleccionistas, búsquedas pacientes y precios cada vez menos razonables. Y ese es otro motivo para plantear su regreso: hay libros que no deberían depender de la suerte, del mercado de segunda mano o de la alegría con la que algunos especuladores confunden la cultura con una subasta permanente.
A veces, rescatar un cómic no consiste solo en devolverlo al mercado. Consiste en devolverlo a la conversación. En hacer que un lector que no había nacido cuando se publicaron esas páginas pueda abrir el libro, mirar una viñeta y entender de golpe por qué Auraleón importaba.
CAOS no es un libro cómodo. No es una pieza domesticada. No es nostalgia envasada al vacío. Es un artefacto extraño, oscuro, a ratos cruel, a ratos absurdo, nacido en una época en la que las revistas de cómic adulto todavía se atrevían a publicar historietas que parecían venir de otro planeta. O de una mala noche. O de una cabeza demasiado llena de sombras.
Quizá por eso ha llegado el momento de preguntarse si debe volver.
Si estás interesado en una posible reedición de CAOS y otras historias fantásticas, permanece atento a Isla de Nabumbu. Estamos valorando recuperar esta obra agotada de Auraleón mediante un sistema de micromecenazgo desde nuestra propia plataforma, con una edición cuidada para lectores, coleccionistas y amantes del cómic español de terror, fantasía y ciencia ficción.
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